La Revolución Francesa, desde sus inicios, representó para las mujeres de la época una esperanza de reivindicación que prometía (sin decirlo) mayor participación en los asuntos públicos, en ese tan particular Siglo de las Luces. Y no es para menos si nos guiamos por sus consignas Libertad, Igualdad y Fraternidad; todas ellas, por cierto, del género femenino.
Si nos ponemos a detallar, casi todo lo relacionado con la Revolución Francesa es femenino. Desde María Antonieta, reina consorte de Francia, esposa de Luis XVI, quien se considera por su frivolidad, derroche y origen austriaco como detonante de la revolución, hasta la sustitución de Dios por la “diosa razón”, pasando por las imágenes femeninas de la Libertad. Las referencias de la Revolución Francesa apuntaban inicialmente a pasar de un mundo conducido por una fuerza dominante, a un mundo más justo, en el que los menos favorecidos serían recompensados.

Es importante dejar claro que las imágenes de una mujer con los pechos descubiertos que representa la libertad, ondeando una bandera francesa, en la obra de Delacroix “La Libertad Guiando al Pueblo” no hace referencia a la Revolución Francesa sino a la Revolución de Julio de 1830 en Francia, que terminó con la monarquía de Carlos X.
Sin embargo, la mujer es una de las primeras víctimas de la Revolución Francesa. En su afán de trasladar el poder al pueblo que representa a la voluntad general, considerada como la expresión natural del hombre bueno, se crea la Asamblea Nacional Constituyente que, entre muchas otras cosas, engendró, el 26 de agosto de 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Allí, lo que pareciera una inocente utilización genérica del masculino no lo es. Esa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, no se refiere al “hombre” como persona o ser humano ni al ciudadano como al hombre o mujer titular de derechos políticos con sometimiento a las leyes. A lo que se refiere es al ¡HOMBRE DE SEXO MASCULINO! y al CIUDADANO, no a la ciudadana.
¡Qué manera de reaccionar en contra de las injusticias y las desigualdades!
Siendo sensatos, no había mucho que esperar en beneficio de la mujer. Ya Rousseau, uno de los pensadores que inspiraron todo el movimiento revolucionario, en “El Contrato Social”, había escrito en 1762, “La educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres. Gustarles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarles cuando jóvenes, cuidarles de grandes, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce, son los deberes de las mujeres de todos los tiempos..."
Muchas fueron las mujeres que valientemente reaccionaron frente a esta discriminación de género, enarbolando las mismas banderas de la Revolución Francesa. Una de ellas, la actriz, escritora, política y filósofa francesa, la revolucionaria Olimpia de Gouges, promulgó Los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana donde reclama el derecho a la libre expresión, derecho a la propiedad, a la educación, a participar en la vida política y otros derechos de la mujer, reescribiendo cada uno de los artículos de la declaración de la Asamblea Constituyente.
Finalmente, fueron muchas las mujeres que, como Olimpia, no tuvieron "égalité" de derechos en sus vidas aunque sí terminaron las mismas de igual manera, en la guillotina.

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