jueves, 29 de septiembre de 2016

La Banalidad del Mal



“El hedor que ahí eternamente se desprende”
 
Nunca lo hubiera imaginado pero, la única vez en la historia que Israel ha sentenciado y aplicado la pena de muerte en un juicio civil fue en contra del  teniente coronel de las SS nazis Adolf Eichmann, responsable confeso de crímenes horrendos contra los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Este juicio, que culminó en diciembre de 1961, mandó a este parco y extraño personaje a la horca el día 31 de mayo de 1962. A continuación, una de las sesiones, la número 30 del juicio, del día 8 de mayo de 1961.


 
Lo particular del caso de Eichmann, referido por Hannah Arendt, es que el acusado parece no tener rasgos particulares de maldad, ensañamiento, ni siquiera enajenación mental, argumentando que cada una de las atrocidades que cometió, las hizo simplemente cumpliendo órdenes, evidenciándose la eliminación voluntaria y  total de su conciencia, eligiendo no pensar y renunciando a sus cualidades como persona, con lo que él mismo  abre la posibilidad de no tener juicio moral.
 
Esta observación de Hannah Arendt, escritora judía de The New Yorker, la llevó a conceptualizar la idea de “La Banalidad del Mal”, por cierto mal interpretada por gran parte de los judíos, quienes la acusaron, digamos que por sus ideas, pero tambien por su nacionalidad alemana, de tratar de justificar a Eichmann y con él a casi todos los oficiales nazis.
 
Mientras la comunidad judia del mundo tenía sus esperanzas en hacer justicia y en tratar de eliminar para siempre toda posibilidad de retoño del antisemitismo y corrientes neonazis,
lo que no dejaba dormir a Hannah era ver cómo un hombre responsable de tanto sufrimiento, parecía no sentir ni odio ni arrepentimiento. Su sensación era la de estar frente al mal absoluto,  que ella denomina “el mal radical” y que consiste en el mal hecho por los hombres que no tienen motivo para hacerlo, esos hombres que no son malvados ni demoníacos, pero que actúan sin ningún tipo de conciencia, de las consecuencias de sus acciones.
 
Esta desconexión entre los actos y “el bien y el mal”  excluye a Eichmann de la lista de los monstruos tradicionales, pero lo incluye en una nueva lista en la que aparece un ejército de personas normales y comunes que hacen que el mal sea banal, como un concepto alejado y desvinculado de los actos. 
 
Personalmente, me identifico con la idea de Hannah Arendt, en la que manifiesta una sensata preocupación por lo catastrófico para la Humanidad de no tener conciencia y el poder de los que “no tienen poder”, especialmente para el mal; por acción, pero también por omisión. Sin embargo, encuentro incongruencias en el caso de Eichmann, especialmente porque en el ejercicio de sus “responsabilidades” se preocupaba por hacer bien su trabajo, con lo que de alguna manera evidencia una conciencia sobre las consecuencias (al menos algunas) de sus actos. Me pregunto entonces una y otra vez, ¿Cómo puede alguien estar tan preocupado por hacer bien su trabajo?

En 2012 se estrenó la película,  “Hannah Arendt y la Banalidad del Mal”, que por cierto está completa en Youtube [click para verla], en la que se muestra la obcecada y radical participación de Hannah Arendt, protagonizada por Barbara Sukowa, en todo el proceso del juicio a  Eichmann como corresponsal de The New Yorker. Casi al final de la película, en un momento de reflexión, comenta que la atacaron por muchas cosas que dijo, pero que nadie lo hizo por su verdadero error, reconociendo que "el mal no puede ser radical, solo el bien".


Confieso, probablemente por los momentos tan duros que está viviendo mi país, Venezuela, que este tema me tomó desprevenido y me transportó a un deseado futuro próximo, en el que las injusticias sean historia y que la podamos ver desde lejos, en blanco y negro, y comentarla con nuestros hijos con más preocupación (por la banalidad del mal) que odio.  Me despido con la oportuna frase de Martin Luther King,

"No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos"

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